En la vida pasan cosas, muchas cosas. Muchas de esas cosas pasan porque tienen que pasar, no sé tal vez en algún lugar remoto está escrito que así sea.
A veces nos encontramos en el camino la misma piedra, esa negra, deforme y pesada,con filos ásperos que nos hacen sangrar cuando una y otra vez tropezamos con ella. Conocemos tanto a la piedra que muchas veces vamos preparadas, hasta buscandola, porque su dolor es lo que conocemos, porque sin saberlo somos incapaces de variar nuestro camino. A veces pasa que nos asombramos de nosotros y nosotras mismas, a veces pasa que, sin saberlo, sin quererlo, vemos como nuestro pie se levanta sólo y pasa por encima de la piedra . Y nos asombramos y miramos atrás, miramos ahora de lejos esa piedra, pues ese día algo o alguien propició que nuestro pie se elevara, tal vez mañana tropecemos otra vez...
Las cosas pasan siempre por algo, tú estabas en mi camino ese día, con tus ojos inocentes, tú lograste lo que muchos intentaron pero no me preguntes porqué,
porque las cosas pasan por algo, porque yo, al igual que el pie, ese día me sentí asombrada de que algo me elevara para saltar, a pesar de que tal vez quería volver a tropezar.
Ese algo me ayudó, y a pesar de que no hubo magia, tu presencia y la mía, nuestros algos, me enseñaron bastante de mí.

Las cosas a veces o siempre pasan por algo...